-¡Ayuda, por favor!- llegó a gritar Hanabi justo antes de que los yakuza entrasen en la oficina, la casa oficial en la que residía el Oyabun. Ren fue el que se encargó de acercarse a toda prisa para ayudar a Hanabi a sostener a la muchacha que se había desvanecido -Ayuda, ayuda- repitió, porque le venía grande
-Tranquila, no te asustes ¿Quieres?- preguntó Ren con paciencia, cargando a Rose con cuidado en los brazos
-¿Puedes con ella tú solo?-
-He cogido cosas peores. Esta chica es casi una pluma- sonrió a Hanabi con simpatía -Vamos, entrad todos. Es mejor que no llamemos la atención- y así lo hicieron, obedeciendo al apadrinado del Oyabun. Dentro de la mansión, todo estaba bañado por un lujo refiniado y clásico. Se notaba el poderío económico del que hacía gala el clan Uchiwa, pues no eran menos que el clan que dirigía la familia Shin, pero a su vez, Uchiwa Saito era un gran amante de la cultura clásica y el folclore japonés, al que se sentía muy arraigado. Caminar por la casa era similar a viajar tiempo atrás, a un periodo donde el honor era la máxima moneda de cambio. Hanabi y el resto de los rescatados pensaban que en cualquier momento se encontrarían con unos samurais o un shogun, quizá un señor feudal que los expulsaría de su castillo. Sin embargo, quienes los recibieron fueron un grupo de tres yakuza elegantemente vestidos pero con unos aires de peligrosidad que les impedía no tener un nudo en el estómago
-¿Qué ha ocurrido? ¿Quienes son estas chicas y esos hombres?-
-Sanada, soy yo- dijo Ren aproximándose con Rose en brazos
-¿Va todo bien, Ren-san? ¿Qué está pasando?- preguntó Sanada, quitándose las gafas de sol. Era de noche y estaba en una mansión, sí, pero tan bien iluminada que se permitía el lujo de llevarlas. Sanada adoraba sus gafas de sol. Se las regaló su hijo.
-Hemos sufrido como esperabamos un ataque. Estas chicas y esos muchachos fueron raptados para prostitución. Esta joven que llevo en brazos también-
-¿Una extranjera? Maldita sea ¿Y hombres también? ¿Quién cojones ha atacado?-
-A juzgar por las furgonetas, han sido los Endo-
-¿¡Los Endo!?- bufó curioso
-Llama a Saito-san, por favor. Necesito contárselo en persona- Sanada asintió y se marchó con los otros dos. En cuestión de minutos volvió a aparecer para llamar a Ren, indicando que pasasen todos al salón donde los recibiría. Era a todas luces una clásica habitación de un periodo Samurai. No había muebles, sólo puertas corredizas. En una pared había una elegantísima y bien cuidada armadura samurai roja como la sangre. En el resto de paredes había pergaminos con haikus y caligrafía de la más cuidada. Frente a la armadura samurai, sentado en postura seiza y ataviado con un hakama color azul mar con bordados de dragón en las mangas, se encontraba Saito acompañado por unos guardaespaldas, uno a cada lado. Hiyori, su esposa, también estaba a su lado, al igual que estaban presentes Aiko y Koji, sus hijos
-¡Aniki!- se fue a levantar Koji al ver a Ren, pero la mirada de éste le indicó que permaneciera sentado
-¿Está herida?- preguntó con serenidad Saito al ver a Rose en los brazos de Ren
-Sólo inconsciente- la dejó con sumo cuidado en el suelo
-Traed agua para la chica- ordenó y en cuestión de segundos así fue. Le vertieron algo de agua en los labios y le pusieron un paño húmedo en la frente. Rose encogió ligeramente el rostro. No estaba del todo inconsciente
-¿Qué ha sucedido?- preguntó Saito inclinándose ligeramente hacia delante
-La familia Endo ha atacado hoy Kabukicho. Han formado un escándalo. Esos bastardos han atraido la atención de la policía sobre nosotros a sabiendas. Quisieron secuestrar a estas chicas y a esos dos chicos para llevarlos a una red de prostitución-
-¿Ha habido muertos?-
-Varios-
-¿Civiles?-
-Se cuentan civiles entre ellos- bajó la cabeza Ren. Hubo un momento de tenso silencio en la sala
-En nombre de la familia Shin, quiero disculparme, chicas y chicos, por lo sucedido- inclinó la cabeza -No será suficiente, pero quiero obsequiaros por el dolor sufrido. Seréis recompensados- dicho eso, susurró al oido de uno de los guardaespaldas y éste se marchó, pidiendo a las mujeres y hombres que lo siguieran, salvo Rose, que aún estaba indispuesta. Una vez se fueron y cerraron la puerta corrediza dejando a Ren junto a una malograda Rose en la habitación, Saito golpeó con fuerza el suelo con su puño -¿¡Por quién demonios nos han tomado!?- rugió -¡Esto no puede tolerarse, maldita sea!-
-Lo sé, señor- bajó la cabeza de nuevo Ren -No pudimos evitarlo. El caos, el miedo...-
-Lo sé, Ren, lo sé. No esperes bajo ningún concepto ser tachado de responsable. Pero no podemos pasar esto por alto esta afrenta. Ha sido claramente intencionado y echando sal en el jardín tras cortar las rosas-
-¿Declararemos una guerra? ¿Debemos ir?-
-No- se cruzó de brazos, pensativo -Debemos aislarlos primero, dejarles sin poder, dejarles sin...- Rose empezó a espabilar en ese momento, quitándose, aturdida, el paño húmedo de la frente. Aún cubierta con la chaqueta se intentpo incorporar, sólo para ver en qué clase de lugar estaba. Al girarse vio a Saito y su familia, así como su guardaespaldas. No pudo evitar asustarse
-Tranquila. Estás a salvo. Él es Uchiwa Saito, nuestro Oyabun, el máximo jefe de la familia Shin. Estás bajo su protección-
-Esperaba que te despertaras, niña- asintió con la cabeza -Aoma, llévate a la extranjera, dale ropas nuevas y todo lo que necesite-
-Sí, Oyabun- Aoma se acercó a Rose y le tendió una mano para ayudarla a levantarse, pero ésta no lo hizo -Eh, debes venir-
-No te entiende- suspiró Ren -El te da ropa- dijo Ren esforzando su torpe inglés
-Señorita- terció entonces Saito en un perfecto inglés -Por favor, si es tan amable, acompañe a mi guardaespaldas Aoma. Le dará comida, agua y ropa, como a las demás. No debe temer- Rose sintió un inmenso alivio al ver que se podía entender nada más y nada menos que con el mismísimo Oyabun de una familia yakuza. Fue a ponerse en pie ella misma, sin tocar a nadie, cuando sintió un escrutinio familiar
-Espera un momento. Tú eres esa chica, la del visado- la señaló Aoma -Oyabun, esta chica me debe dinero. Bastante, además-
-¿Es eso cierto, señorita? ¿Nos debe dinero?- Rose estudió el rostro de Aoma y lo reconoció al instante. Mierda. Estaba en la casa del jefe de la yakuza a la que debía 100.000 yenes por un visado. Estaba perdida -¿Cuanto hace ya de esa deuda, Aoma?- preguntó interesado Saito
-Dos años-
-¡Dos años!- se echó a reir sorprendentemente -¿Qué clase de yakuza eres tú que permites una deuda de dos años?- Aoma bajó el rostro avergonzado
-¡Lo siento, Oyabun!- se arrodilló
-Da igual, has hecho bien. Es una extranjera y no tiene pinta de estar rebosante de dinero- la miró de arriba abajo -Pero una deuda es una deuda- le dijo a Rose en inglés -Señorita- Rose le aclaró su nombre -Rose-san- inclinó la cabeza Saito -¿Estaría interesada en pagar su deuda de una forma no económica?- la chica le miraba interesada y ante la situación, asintió -Bien. Primero come y bebe algo, vístete y hablaremos- y así lo hizo. Aoma se la llevó sólo para darle una botella de agua y entregarme un hermoso kimono que bien podría haber sido una prenda ceremonial. Debía de costar miles de yenes y aún así se lo dieron como si nada. Era tan suave que casi podía ser una prenda de pijama. Para comer le ofrecieron un cuenco de delicioso tonkatsu y sopa de miso. Una vez lista, una hora después, fue recibida de nuevo en la sala del Oyabun -Bienvenida de nuevo- Rose se disculpó por la espera -No hay problema. Hemos tenido tiempo Ren-kun y yo de hablar en este tiempo- la chica miró a Ren. De modo que ese era su nombre y realmente era un yakuza. Ren inclinó la cabeza ante su mirada -Me temo que son altas horas en la noche señorita Rose así que iré al grano. Pasarás aquí la noche. Mañana haré llamar a un importante miembro de la yakuza en japón y necesito que trabaje para mí como anfitriona- Rose se sorprendió ¿Anfitriona? -No debes alarmarte. No hay ningún servicio sexual en esto. No formamos parte de la prostitución. Sólo servirás las copas, brindarás el servicio que nuestro invitado te pida, pero en ningún lugar estarás más a salvo que aquí. Yo estaré presente en la reunión. Nos servirás a ambos- todo era muy precipitado, demasiado, tanto que casi sintió que se mareaba de nuevo ¿Pero le quedaba otra opción? Todos los ojos estaban depositados en ella -Cumple este servicio y lo intercambiarás por tu deuda. No sólo eso, sino que cobrarás por ello. Eres una chica hermosa. Estoy seguro de que lucirás y lo harás de maravilla- Rose se inclinó ante tal alabanza, aunque incómoda. No le quedó otra que aceptar. Saito se puso en pie y ordenó a Ren que la llevase a una habitación de invitados cualquiera donde pasar la noche.
De camino a la habitación, Ren y Rose no intercambiaron ninguna palabra. Atravesaron largos pasillos como si fuese un castillo feudal ¿Cómo de grande era esa casa? La chica estaba realmente sorprendida y no sólo por el hogar, sino por el trato recibido ¿Desde cuando la yakuza era tan educada y formal? Sabiendo que tenía una deuda y encima le ofrecen un trabajo para pagarla, cobrando un sueldo a parte. Debían de estar locos. No, debían de estar burlándose de ella -Es aquí- dijo de pronto, como si hubiese elegido una al azar. Abrió la puerta corrediza para mostrar una habitación simple, igualmente sin muebles, con un futón en el suelo. Al menos en la pared había pinturas exquisitas del japón feudal, verdaderamente hermosas, con pinturas de tono pastel -Por favor, si salir llamar a alguien- pidió educadamente Ren -Sitios aquí que no puedes entrar. Espero que lo entiendas- se inclinó respetuosamente -Buenas noches- Ren se marchó sin apenas dejar espacio a Rose para decir alguna palabra. Aquella noche, esa sería su estancia. Se atrevía a decir que, si no fuera por los nervios, el estrés, el miedo y el aún recurrente dolor de cabeza, podría haber dormido mejor que en su casa.
Al día siguiente Rose se despertó asediada por una joven muchacha. No era otra que Aiko, la hija de Saito. La chica era seria, diligente, incluso borde. Abrió la puerta sin educación alguna y sacudió a Rose sin el menor decoro, sólo para indicarle que se levantara. Debía de estar vestida y preparada en seguida. Rose no llegó a preguntar qué hora era cuando de por sí Aiko le espetó que eran casi las 12 de la tarde ¿¡Cuanto había podido dormir!? Esos dones, o maldiciones, que Rose poseía podían dejarla verdaderamente exhausta, incluso cuando podía decir que no había "dormido bien". Aiko se encargó de ayudarla con el kimono, algo atosigada. Finalmente le dio algo de maquillaje y le dio consejos de cómo embellecerse. En cuestión de casi una hora estuvo preparada y fue guiada por la hija del jefe hasta la sala de reuniones, la misma donde estuvo la noche anterior -Ah, señorita Rose- saludó amable Saito -Ohayo gozaimasu- esas palabras Rose las conocía, los buenos días. Las devolvió con amabiliad y educación -Por favor, ve al recibidor y brinda a nuestro invitado aquí en cuanto llegue- decía en perfecto inglés para que ella le entendiera. Asintiendo, se marchó, de nuevo guiada por Aiko, hasta el recibidor. El trayecto era bastante sencillo por lo que no sería en absoluto difícil recordarlo. Una vez allí, estuvo sola cerca de una hora y media, tarareando, pensando, reflexionando, sin nada más que hacer salvo aburrirse y observar lo hermoso que era el recibidor. Finalmente, por fin oyó algunos coches aparcar frente a la casa. Tras la puerta corrediza aparecieron sombras que abrieron la misma. Lo que Rose vio era sorprendente. Jamás había visto a hombres con rostros y miradas tan crueles. Sin duda, pensó, el del medio era el jefe. Alto, mayor, con gafas de sol y un peinado algo de los 80 hacia atrás. Echaron un vistazo al recibidor y después clavaron la mirada en Rose. Al ver que todo estaba limpio, se hicieron a un lado para dejar paso a una chica tan brillante como el sol. Para Rose era como observar a una geisha. Su piel pálida era hermosa como la porcelana, perfectamente maquillada y unos labios rojos como manzanas maduras listas para ser devoradas. Iba vestida con una camisa blanca de tela fina que dejaba adivinar un poco los encantos bajo el sujetador sin necesidad de esforzarse mucho, perfectamente convinada con unos pantalones altos, negros al igual que los tacones. Debido a su belleza, Rose tardó unos instantes en saludarla como era debido
-¡Eh, mocosa! ¿¡Cómo te atreves a saludar con tanta descortesía a la Oyabun!?- dijo aquel tipo mayor que parecía el jefe, pero si Rose no lo malentendió demasiado estaba diciendo que esa mujer... ¿¡Esa mujer era la Oyabun!?
-Ah, Kyo, no es necesario ser tan efusivo. Mírala, es una anfitriona joven y además extranjera- sonrió dulce como el azucar -Qué hermosa. Realmente hermosa...- se acercó a Rose con paso elegante, con aire seductor. De más cerca, Rose podía ver que la camisa dejaba entrever una gran cantidad de tatuajes en su piel al ser la tela fina. Incluso en sus pechos había pobladas sombras oscuras de la tinta -Me llamo Suzuka Sakura. Llámame Sakura, por favor- Rose se inclinó respetuosamente presentando su nombre, pero Sakura la tomó del rostro y la miró a los ojos -¿Rose...? ¿También te llamas como una flor?- sonrió -Encantada de conocerte, Rose- y la besó con con la pasión con la que se besan dos amantes. Rose apenas pudo evitar sentir la lengua de la joven saboreando cada parte de sus labios y su boca. Estaba congelada. No había sido algo sucio per sé. Había sido verdaderamente entregado. Fue cálido y húmedo -Qué mona- rió al verla tan helada -Y no se te ha quedado nada del pintalabios...- le guiñó el ojo -¿Me llevas hasta Saito-san, por favor?-
Como un fantasma sin demasiada consciencia de sí misma, Rose la llevó hasta la sala. Allí, junto a Saito, estaban su hijo Koji y Ren. Los tres descamsiados, mostrando los tatuajes. Rose no supo dónde mirar exactamente. Los tatuajes de los yakuza eran muy llamativos -Sakura-san- dijo Saito, inclinándose ante ella -Es de agradecer enormemente vuestra apariencia en nuestro humilde hogar-
-Saito-san. Koji-kun- se inclinó ante ambos -¿Y tú eres?-
-Yagami Ren- dijo sin inclinarse, manteniendo una mirada desafiante
-Me gustas- contestó ella -Un placer Yagami Ren. Tienes un buen acero ahí abajo para no inclinar la cabeza ante tus mayores-
-Me atrevo a decir que soy mayor que tú-
-En edad sí. En rango, te faltan años-
-No soy de tu clan, ni de tu familia-
-De momento-
-Hermana Sakura-san, por favor, dejemos de lado las amenazas. Te he convocado aquí para dialogar y negociar sobre unos eventos ocurridos anoche en Kabukicho con respecto a la familia Endo-
-Estoy al tanto de lo ocurrido, Saito-san- se sentó en la postura seiza ante los tres hombres y sorprendentemente para Rose, se descamisó y no sólo eso, sino que se privó del sujetador también. Casi parecía estar vestida al llevar tantos tatuajes encima, incluso recubriendo sus pechos casi por completo. Saito no reaccionó de ninguna forma, aunque frunció el ceño. Koji bajó la mirada instantaneamente a sus senos y Ren apretó los puños -¿Igualdad de condiciones, no?- sonrió ella desafiante -Tres muchachotes haciendo gala de sus tatuajes como pájaros en celo mostrando sus plumas a la hembra a la que quieren impresionar. No esperéis menos de mí. Soy la Oyabun de la familia Akuhana-
-No era nuestra intención- dijo Saito, aclaratorio -Rose-san, por favor, algo de sake- Rose obedeció ipso facto. El sake ya estaba colocado en una esquina de la habitación. Recordaba haber visto ceremonias en series y películas cuando tenía tiempo, o en anuncios publicitarios. Lo hizo lo mejor que pudo, sirviendo en seiza a cada uno de los presentes
-Qué manos tan delicadas- observó Sakura -Y qué ojos tan curiosos. Me gustan esos colores ¿Te gustan a ti mis tatuajes? Puedes observar cada detalle cuanto quieras-
-Sakura-san, por favor- Saito se puso nervioso por un instante -Ella es sólo una trabajadora. No tiene nada que ver con esta conversación-
-Y sin embargo aquí está mientras mis hombres esperan fuera. Me dirigiré a ella si me place-
-Para ser una Oyabun es algo descarada y descortés- observó Ren -¿Es esta la nueva sangre?-
-Dímelo tú, chico guapo, apenas me sacas unos años ¿Si fueras Oyabun cómo serías?-
-No me lo planteo, no tengo intención de serlo- ante aquella respuesta, Sakura soltó una risa irónica
-Los lobos siempre luchan por ser el alfa de la manada-
-Yo sólo soy un perro al servicio del lobo alfa en esta familia-
-Los lobos más peligrosos son los que parecen dóciles perros- se miraron fijamente y Saito carraspeó
-Suficiente. Los dos- los miró a ambos -Observando la situación, Sakura-san, me temo que he de ir directamente al grano-
-Por favor, tengo cosas que hacer- asintió ella
-Ante el ataque de la familia Endo, sería un honor para mi contar con el apoyo de la familia Akuhana en futuras refriegas. La situación, de seguir así, es insostenible, y necesitamos músculo para aguantar-
-Saito-san...- Sakura bebió del sake con delicadeza -Desde hace años que nos conocemos. De hecho, me viste ascender hasta ser la Oyabun de los Akuhana- Saito asintió -Desde entonces hemos mantenido una relación de lo más cordial, me atrevo a decir. Sería para mí un placer prestar ayuda a una familia tan brillante, pulcra y leal a los principios como la familia Shin- Saito fue a sonreir -No obstante, lo haría, claro, si no fuera porque sois un grupo de ciegos que no quieren ver-
-¿Qué...?-
-La guerra empezó hace ya mucho tiempo, Saito, y lo has ignorado como ignora el niño rebelde a sus mayores. Todo cuanto ha venido sucediendo, hasta el ataque de anoche a Kabukicho, todo era predecible ¿Y habéis hecho algo para prevenirlo? ¿Dónde estaban las armas? ¿Dónde está la sangre de vuestros enemigos?- Saito frunció el ceño hasta un punto que debía dolerle -Lo lamento, querido y viejo amigo, pero qué clase de beneficio traería a mi familia asociarme con el perdedor. La familia Shin sois una manada de lobos heridos. Vuestra sangre riegan las nieves del duro invierno que está por azotar este país. Yo quiero seguir aullando a la luna muchos años más-
-Entonces has venido a sabiendas de que ya habías elegido un bando- dijo sereno
-Quizá ibas a ofrecerme una rendición de tus negocios y territorios a cambio de protección ¿Pero una asociación? No, querido. Si he de asociarme, será con Tozen-
-Entonces no tenemos nada más de lo que hablar-
-¿Es así? En ese caso, lamento que la reunión haya sido tan corta. He disfrutado de la asistencia de Rose-san- se puso el sujetador y luego se abotonó la camisa
-Gracias por tu atención igualmente, Sakura-san- Sakura ya estaba en pie, acariciándose la nuca, suspirando
-Esta es tu debilidad, Saito. La debilidad que te llevará a la tumba, a ti y a los tuyos. Los colmillos de Tozen son afilados y más aún los de su infantil, arrogante y estúpido nieto Genji. Ese crío será el caos, la destrucción de japón, en el sentido económico y social. Va a sumirnos en una guerra y no solo entre la yakuza, sino que la policía está al tanto, está llamando tanto la atención que es inevitable que tome parte. Habrá represalias por parte de los civiles también. Nuestro país se hundirá en sangre- los miró a los tres -¿Y vosotros mientras estáis ahí, sentaditos sobre vuestras rodillas y enseñando unos tatuajes intimidantes mientras que los músculos permanecen quietos? Si fuese al reves, Saito-san, en cuanto me dieras la espalda para salir por la puerta, una bala te atravesaría el craneo o un tantô se clavaría profundamente en tu espalda- hubo un momento de silencio -Ahora, simplemente, observad cómo me marcho tal como llegué tras haberos rechazado y, prácticamente, declararos la enemistad de Akuhana. Que os sirva de lección. Espero que reflexiones a tiempo, Saito-san. Un placer verte de nuevo también, Koji-san. Y Yagami Ren... algún día, sé, que nos encontraremos en mejores circunstancias-
-No me cabe duda de ello- asintió con mirada ardiente Ren mientras que Rose acompañaba a Sakura hacia la puerta. Allí, Sakura volvió a acariciar la piel de Rose con suma delicadeza
-Y tú, cariño... cuando llueva, siempre podré ser tu paraguas. No dudes en pedirme ayuda- se lamió un dedo y lo pasó por los labios de Rose, paralizándola de nuevo. Esa mujer era demasiado extraña y la intimidaba más que cualquier otro yakuza que la rodeaba. Más incluso que los propios protectores de Sakura -Hasta pronto, preciosa- se marchó sin más preambulos y Rose regresó donde el Oyabun. Allí había un inmenso silencio hasta que Saito lo rompió
-Todos... marchaos. Rose, vuelve a tu casa- le dijo en inglés -Te pagaremos y serás libre de irte. Koji y Ren... desapareced, por favor. No quiero tener a nadie cerca- lo dijo con tanta elegancia y sosiego que parecía difícil creer lo que decía, pero Koji y Ren se dieron tanta prisa en salir de la habitación que casi arrastraron a Rose fuera por la fuerza
-Ven conmigo, será mejor- le dijo Ren a la chica -Saito peligroso ahora, para todos-
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